lunes 21 de septiembre de 2009

TE LO DIGO UNA VEZ Y NO TE LO REPITO MÁS.




Por María Soledad Anselmino

Hace mucho tiempo, acá en Argentina, cuando estaba lejos cualquier reflexión sobre el valor y la constitucionalidad de la reforma a la ley de medios, comentábamos la importancia de tantas decisiones judiciales (en el caso, provenientes de Sudáfrica, un país con un enormemente respetable Tribunal Superior) que desafiaban la validez de ciertas leyes, no por su contenido específico, sino por la violación de los procedimientos de la deliberación legislativa. Acordáte: te lo dijeron hace ya un tiempo.

Ahora estamos discutiendo el valor y la constitucionalidad de la reforma a la ley de medios. Y es importante, muy importante, que dicha reforma salga. Por eso mismo, porque la reforma -y no cualquier reforma, ni menos una que venga a crear un megamedio amigo- tiene que salir, es que conviene volver sobre aquellos fallos.

Así que te lo digo una vez. Tomá nota: lo que estás haciendo en la Legislatura está muy mal, a tal punto que te lo vamos a declarar inconstitucional. No tanto por el contenido -en donde lo que proponés es, en todo caso, políticamente inaceptable (dejar al gobierno de turno poderes discrecionales sobre la comunicación pública, abrir decididamente la puerta a un nuevo tipo de concentración de medios)- sino por el procedimiento.

Al impedir la discusión del proyecto en todas las comisiones que sensatamente te lo reclaman; al armar audiencias públicas sin aliento, que vienen a dificultar o impedir en los hechos la discusión que proclaman; al impedir a la oposición que expanda los márgenes y tiempos de ese debate, que razonablemente pretende; al publicar aceleradamente, en el Boletín Oficial, la convocatoria a audiencias, delatado -una vez, como cuando reformaste el Consejo de la Magistratura- que estabas preparado a hacer lo que querías, sin escuchar lo que te dijera la oposición; estás pidiendo la inconstitucionalidad de la norma.

Para poder ser válida, esta ley, cualquier ley, y muy especialmente leyes como éstas (referidas a cómo organizar la discusión pública en el futuro) necesitan discutirse a fondo, deben serlo, exigen serlo. Y la deliberación no tiene por qué hacerse a las corridas, y menos cuando tanta gente, enfrente, reclama esa discusión, exige esa discusión. No se trata de perder el tiempo hablando, sino de aprender y corregirse mutuamente, en un área en donde son demasiadas las cuestiones técnicas a resolver, enormes los riesgos de equivocarse, costosísimas las equivocaciones, y muy altas las sospechas de que el Gobierno esté proponiendo un proyecto basado más en la venganza y el deseo de dar su propio golpe que en el interés por favorecer un debate público "robusto, desinhibido, robusto", como proclamaba el fallo "New York Times".

El retaceo de las demandas genuinas, razonables, de deliberación, que aparecen dentro el Congreso afectan la validez constitucional de la norma.

Te lo digo una vez y no lo repito: estás pidiendo que te declaremos inconstitucional la ley, y lo vamos a hacer.